TAR HYPAR
2026

Desert X 2026
Wadi AlFann, AlUla, Saudi Arabia



El 15 de enero 2026, en el marco de la inauguración de Desert X 2026 en AlUla, Arabia Saudita, se activó por primera vez la escultura sonora Tar HyPar (2026) de Héctor Zamora.

Un grupo de ocho músicos locales hicieron resonar los tambores de la obra construida en pleno desierto: se trata de una escultura monumental en forma de paraboloide hiperbólico, estructura arquitectónica regida por reglas matemáticas que el artista mexicano ha investigado desde el 2000.

Tar HyPar resulta de una conversación con el contexto local, donde la naturaleza tiene el control y en el que los tambores tradicionales llamados “Tar” son fundamentales para la cultura. Reconocer un elemento de la vida local a través del acto de tocar este instrumento significa otorgar a la comunidad local el derecho de usar la estructura como propia.

Diseñados con forma cuadrada en tres tamaños para obtener sonidos graves, medios y agudos, los tambores fueron producidos con piel de cabra y madera por fabricantes profesionales locales siguiendo las técnicas tradicionales. El sonido se propaga entre las montañas por medio de un fenómeno natural de reverberación; conecta con la naturaleza, con los relatos y con los espíritus que habitan el desierto. Paradójicamente, el entorno sonoro amplifica nuestra percepción del silencio a la vez que revela la propia sinfonía de la naturaleza. Es un recordatorio de nuestro lugar en el universo y de los poderes infinitos y atemporales que escapan a nuestro control.








On January 15, 2026, as part of the opening of Desert X 2026 in AlUla, Saudi Arabia, Héctor Zamora’s sound sculpture Tar HyPar (2026) was activated for the first time. A group of eight local musicians set the drums of the work resonating in the heart of the desert. The piece is a monumental sculpture in the form of a hyperbolic paraboloid—an architectural structure governed by mathematical principles that the Mexican artist has been researching since 2000.

Tar HyPar emerges from a dialogue with the local context, where nature is in control and where traditional drums known as tar are fundamental to the culture. Recognizing an element of local life through the act of playing this instrument means granting the local community the right to use the structure as their own.

Designed in square formats in three sizes to produce low, mid, and high tones, the drums were crafted from goat skin and wood by professional local makers, following traditional techniques. The sound travels among the mountains through a natural phenomenon of reverberation, connecting with nature, with stories, and with the spirits that inhabit the desert. Paradoxically, the sonic environment amplifies our perception of silence while at the same time revealing nature’s own symphony. It is a reminder of our place in the universe and of the infinite, timeless powers that lie beyond our control.